Violencias Machistas y Políticas de Igualdad (VMPI) · Núm. 1, e14 · 2026 ·
e-ISSN 3137-7483 · DOI: https://doi.org/10.51698/y6za1f83
Sexting y Normas de Género en Adolescentes y Jóvenes: Un Análisis Mixto de Opiniones, Actitudes, Experiencias y Riesgos Psicosociales
Esperanza Espino¹ , Mónica Ojeda²
, María García-Jiménez³
, Joaquín A. Mora-Merchán²
, Mercedes Durán-Segura⁴
y Rosario Del Rey²
¹ Departamento de Psicología, Universidad Loyola Andalucía, Sevilla, España
² Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación, Universidad de Sevilla, Sevilla, España
³ Departamento de Psicología Experimental, Universidad de Sevilla, Sevilla, España
⁴ Departamento de Psicología Social, Universidad de Sevilla, Sevilla, España
Fecha de recepción: 15/02/2026
Fecha de aceptación: 22/06/2026
Sexting y normas de género en adolescentes y jóvenes: Un análisis mixto de opiniones, actitudes, experiencias y riesgos psicosociales
Resumen. El sexting constituye una práctica cada vez más extendida entre adolescentes y jóvenes, cuya normalización coexiste con potenciales riesgos psicosociales y dinámicas de género. Este estudio mixto secuencial tiene como objetivo profundizar en las opiniones, actitudes y experiencias de adolescentes y jóvenes en torno al sexting, su prevalencia, motivaciones y riesgos asociados, incorporando la perspectiva de género. En la fase cualitativa, mediante grupos focales con 405 estudiantes de secundaria de Sevilla (Andalucía, España), se exploraron las percepciones sobre el envío, la recepción y el reenvío de contenido erótico-sexual y los discursos vinculados a la sexualidad digital. En la fase cuantitativa participaron 2,921 estudiantes de 11 a 30 años (Medad = 15,34; DTedad = 2,76; 52,6% chicas, 46,2% chicos y 1,2% otros). La prevalencia global de sexting fue del 56%, siendo más frecuentes la recepción (43,8%) y el envío (37,9%), especialmente entre las chicas. Los motivos más habituales fueron su consideración como práctica normal en la pareja, la diversión, la percepción de una imagen personal atractiva o el coqueteo. El sexting se asoció con riesgos como ciberacoso y ciberodio, observándose diferencias de género. Se subraya la necesidad de una educación afectivo-sexual sensible al género.
Palabras clave: Sexting; Adolescencia; Perspectiva de género; Riesgos psicosociales
Sexting and Gender Norms Among Adolescents and Young Adults: A Mixed-Methods Analysis of Opinions,
Attitudes, Experiences, and Psychosocial Risks
Abstract. The practice of sexting is becoming increasingly prevalent among adolescents and emerging adults. While it may be seen as a normalised form of communication, it is important to recognise the potential psychosocial risks and gender dynamics that are associated with it. The present mixed sequential study aims to explore the opinions, attitudes and experiences of adolescents and emerging adults on sexting, its prevalence, motivations and associated risks, incorporating a gender perspective. In the qualitative phase, focus groups comprising 405 secondary school students from Seville (Andalusia, Spain) were convened to explore perceptions of sending, receiving and forwarding erotic-sexual content and discourses pertaining to digital sexuality. The quantitative phase of the study involved a total of 2,921 students aged between 11 and 30 years (Mage = 15.34; SDage = 2.76; 52.6% female, 46.2% male, and 1.2% other). The overall prevalence of sexting was 56%, with receiving (43.8%) and sending (37.9%) being more frequent, especially among girls. The prevailing motives encompassed the perception of this behaviour as standard practice among couples, the pursuit of enjoyment, the idealisation of an appealing personal image, and the act of flirting. The practice of sexting has been associated with various risks, including cyberbullying and cyberhate, with gender differences observed. The necessity for gender sensitive sex education is emphasised.
Keywords: Sexting; Adolescents; Gender perspective; Psychosocial risks.
Correspondencia:
Rosario Del Rey
Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación, Facultad de Ciencias de la Educación,
Universidad de Sevilla, C/ Pirotecnia, s/n, 41013 Sevilla, España.
delrey@us.es
Cómo citar este artículo:
Espino, E., Ojeda, M., García-Jiménez, M., Mora-Merchán, J.A., Durán-Segura, M. y Del Rey, R. (2026). Sexting y Normas
de Género en Adolescentes y Jóvenes: Un Análisis Mixto de Opiniones, Actitudes, Experiencias y Riesgos Psicosociales.
Violencias Machistas y Políticas de Igualdad, 1, e14. https://doi.org/10.51698/y6za1f83


Introducción
La tecnología ocupa un lugar central en la socialización de adolescentes y jóvenes, quienes han crecido en un contexto de profunda digitalización donde los medios electrónicos forman parte de la vida cotidiana. Según la literatura, esta conectividad permanente ha diluido las fronteras entre los contextos online y offline, configurando espacios relacionales interdependientes (Orben, 2020). En España, evidencias previas indican que el uso de Internet entre la población joven se orienta principalmente a la comunicación con iguales y al entretenimiento, reproduciendo normas, expectativas y jerarquías sociales preexistentes (Andrade et al., 2021).
La progresiva digitalización de las relaciones interpersonales ha supuesto también la transferencia de la expresión de la sexualidad al contexto online, donde se mantienen y resignifican patrones de género presentes en el contexto offline (Denney y Tewksbury, 2017). En este marco, el sexting – definido como el intercambio de mensajes, imágenes o vídeos de carácter sexual a través de medios digitales – se ha consolidado como una práctica frecuente entre adolescentes y jóvenes (Ojeda et al., 2020). Según diversos autores, puede desarrollarse de forma consensuada como forma de intimidad o exploración sexual (Reed et al., 2020). No obstante, la evidencia empírica muestra que no ocurre en un vacío social neutro, sino atravesado por desigualdades de género.
Evidencias previas señalan que las chicas están más expuestas a presiones para el envío de contenido íntimo y sufren consecuencias emocionales y sociales más severas cuando este se difunde sin consentimiento, mientras que los chicos tienden a recibir mayor refuerzo simbólico por conductas similares (Lunde y Joleby, 2023; Pampati et al., 2020; Ringrose et al., 2013). Estas dinámicas se vinculan con otras formas de violencia digital. El ciberacoso, definido como agresión intencional y repetida entre iguales mediante dispositivos digitales con desequilibrio de poder (Slonje et al., 2013), se ha asociado al sexting, especialmente en su vertiente no consentida (Clancy et al., 2019; Wood et al., 2015). Asimismo, el ciberodio, o la difusión de mensajes degradantes dirigidos a colectivos por características identitarias, como el género, constituye otra manifestación relevante, con impacto diferencial por género y consecuencias negativas para el bienestar psicosocial (Frankel et al., 2018; Wachs et al., 2020).
La comprensión del sexting exige, por tanto, incorporar una perspectiva de género que analice cómo normas sexuales, estereotipos y relaciones de poder modulan la participación y las consecuencias del fenómeno (Wilkinson et al., 2016). En este sentido, el doble estándar sexual continúa legitimando la expresión sexual masculina y penalizando la femenina (Lyons et al., 2011; Wood et al., 2015). Estas subculturas de género también se proyectan en la construcción de la imagen virtual en redes sociales. Según evidencias previas, las chicas se socializan en un modelo que exige simultáneamente atractivo sexual y contención moral, quedando más expuestas al escrutinio y la sanción social (Gámez-Guadix et al., 2022; Mascheroni et al., 2015). Algunos autores interpretan el sexting, en este sentido, como una extensión de procesos de cosificación y autorrepresentación sexualizada en entornos digitales (Van Oosten y Vandenbosch, 2017).
En este contexto, la aceptación de mitos del amor romántico, como la entrega total, la exclusividad o los celos como prueba de amor, puede favorecer la normalización de la presión y la cesión de límites en relaciones digitales (Ferrer-Pérez et al., 2010). Del mismo modo, el sexismo ambivalente (Glick y Fiske, 1996) permite comprender cómo coexisten actitudes hostiles y benévolas que sancionan o legitiman comportamientos en función del ajuste a roles tradicionales, responsabilizando con mayor frecuencia a las chicas de los riesgos asociados (Bareket y Fiske, 2023; Durán y Rodríguez Domínguez, 2020).
Junto a estas creencias y actitudes de género, coexisten, además, otros factores psicosociales que contribuyen a explicar la conducta en el contexto virtual. Entre ellos, la búsqueda de popularidad online emerge, según estudios previos, como un mecanismo de regulación del estatus entre iguales. Es así como el sexting puede funcionar como estrategia de reconocimiento social, particularmente en contextos donde la visibilidad digital adquiere valor simbólico (Vanden Abeele et al., 2014). Desde una perspectiva de género, mientras que en los chicos puede reforzar la masculinidad y el prestigio grupal, en las chicas se vincula a una gestión constante de la reputación sexual (Ringrose et al., 2013). En esta línea, la importancia concedida a la imagen virtual, incluyendo la edición o embellecimiento de fotografías antes de su publicación, refleja procesos de autopresentación estratégica que, según la literatura, pueden intensificar la presión por ajustarse a estándares corporales y sexuales normativos, especialmente en el caso de las chicas (Mascheroni et al., 2015; Van Oosten y Vandenbosch, 2017).
El presente estudio
Aunque existen evidencias previas sobre la participación de adolescentes y jóvenes en sexting, persisten algunas limitaciones. Hasta la fecha, muchos estudios se han centrado en estimar su prevalencia o en analizar su relación con variables aisladas, mientras que son menos frecuentes aquellos que integran los significados atribuidos por adolescentes y jóvenes, los riesgos psicosociales asociados y el papel de las desigualdades de género en un mismo diseño. Por ello, el presente estudio pretende contribuir a este vacío mediante una metodología mixta secuencial, que combina, primero, la exploración cualitativa de los discursos, actitudes y experiencias y, segundo, con el análisis cuantitativo de las prevalencias y asociaciones estadísticas y posibles diferencias de género. De este modo, la presente investigación aporta una comprensión más amplia, contextualizada e integrada del fenómeno en la población adolescente y joven escolarizada en la ciudad de Sevilla. Específicamente, en la fase cualitativa, el estudio se propone (1) conocer las opiniones, actitudes y experiencias del alumnado en torno a las distintas conductas de sexting – como envío, recepción y reenvío de contenido erótico-sexual –, su conceptualización, características y riesgos psicosociales asociados, analizando los discursos vinculados a la construcción social de la sexualidad en el entorno digital y a posibles estereotipos y prejuicios de género. Los hallazgos de esta fase se conciben, además, como base para orientar la fase cuantitativa, al permitir identificar dimensiones relevantes, afinar categorías de análisis y fundamentar la selección de variables e instrumentos. A partir de ello, en la fase cuantitativa, se plantea (2) estimar la prevalencia del sexting en la población adolescente; (3) analizar las posibles diferencias de género en la prevalencia de las distintas conductas; y (4) explorar la relación entre el sexting y posibles riesgos psicosociales asociados (por ejemplo, ciberacoso), examinando el rol del género en dichas asociaciones.
Método
Participantes
Para el estudio cualitativo se contó con 405 estudiantes (47.4% chicas, 52.6% chicos) de 12 a 19 años (Medad = 14.11, DTedad = 1.74) de 14 centros de educación secundaria de Sevilla (Andalucía, España) matriculados en 1º (n = 105), 2º (n = 96), 3º (n = 66) y 4º (n = 55) de Educación Secundaria Obligatoria (en adelante, ESO) y en 1º (n = 47) y 2º (n = 36) de Bachillerato.
En el estudio cuantitativo participaron 3.190 adolescentes y jóvenes de 11 a 30 años. Tras excluir n = 215 casos por falta de validez (p. ej., patrón de respuesta al azar) y n = 54 casos por superar la edad de 30 años, la muestra final estuvo compuesta por N = 2.921 estudiantes (52.6% chicas, 46.2% chicos y 1.2% otros; Medad = 15.34, DTedad = 2.76). En cuanto al curso académico, n = 479 cursaban primero de ESO, n = 462 segundo, n = 473 tercero y n = 406 cuarto; n = 257 pertenecían a 1º y n = 248 a 2º de Bachillerato; y el resto se distribuía entre Formación Profesional (FP) de Grado Medio (n = 134), Grado Superior (n = 187) y FP Básica (n = 275).
Instrumentos
Para el estudio cualitativo, a fin de explorar las percepciones, experiencias y actitudes de adolescentes y jóvenes en torno al sexting, se llevaron a cabo grupos focales en los que se empleó un guion semiestructurado. Este guion consistió en 23 preguntas de respuesta abierta sobre cuatro dimensiones: conceptualización del sexting, experiencia en la práctica del sexting, riesgos y consecuencias asociados, y actitudes hacia el sexting. P. ej.: «¿Quiénes practican más sexting, ¿chicos o chicas?, ¿qué comportamiento crees que es más frecuente en ellos y ellas?» o «¿Es peor que un chico o una chica haga sexting?, ¿por qué?, ¿algún comportamiento en concreto?».
Para el estudio cuantitativo, se administró una batería de instrumentos de tipo autoinforme que combinó preguntas sobre datos sociodemográficos, como: género, edad, curso y centro educativo, red social a la que pertenecen, orientación sexual, si habían tenido pareja en los últimos seis meses y el número total de parejas estimadas a lo largo de toda su vida, y escalas o subescalas sobre participación en sexting y otros riesgos y factores relacionados:
Sexting. Este constructo se evaluó mediante la escala Sexting Behavior and Motives-Questionnaire (SBM-Q) de Del Rey et al. (2021), compuesta por 39 ítems tipo Likert de cinco opciones (“0 = Nunca” a “4 = A diario”) que evalúan experiencias de sexting en los últimos 12 meses. Los ítems se organizan en seis dimensiones: envío, recepción, reenvío, recepción de reenvíos, victimización por reenvío sin consentimiento y motivos del reenvío. La escala global presentó excelente consistencia interna (α = .91) y las subescalas oscilaron entre .70 (“Reenvío”) y .85 (“Motivos del reenvío”).
Ciberacoso. La implicación en ciberacoso, como víctima o agresor, se midió con la versión española de la escala European Cyberbullying Intervention Project-Questionnaire (ECIP-Q) validada por Ortega-Ruiz et al. (2016), que incluye 22 ítems tipo Likert de cinco opciones (“0 = Nunca” a “4 = Más de una vez a la semana”) y que evalúa la frecuencia de las ciberagresiones en los últimos dos meses. La consistencia interna global fue buena (α = .87) y también para las dimensiones de cibervictimización (α = .82) y ciberagresión (α = .80).
Ciberodio. La implicación en ciberodio se midió con la Escala de Ciberodio validada por Jiménez-Díaz et al. (2025), que incluyó 4 ítems tipo Likert (“0 = Nunca” a “4 = A diario”) sobre ver, enviar, recibir o buscar mensajes de odio o degradantes hacia alguien o un grupo (p. ej., por ser mujeres, inmigrantes, tener otra religión, etc.) en los últimos 12 meses. La consistencia interna global alcanzó α = .80 en los últimos 12 meses.
Mitos del amor romántico. Se utilizó la escala de Mitos del Amor Romántico (SMRL) de Bonilla-Algovia y Rivas-Rivero (2020), que evalúa la aceptación de 10 mitos relacionados con creencias sobre el amor y las relaciones de pareja, como la omnipotencia del amor, la idea de la “media naranja”, la exclusividad afectiva, los celos como demostración de amor, la pasión eterna o la justificación de conductas agresivas si hay “amor verdadero”. La escala consta de 11 ítems tipo Likert (“0 = total desacuerdo” a “4 = totalmente de acuerdo”), donde mayor puntuación indica mayor acuerdo con los mitos. La consistencia interna global fue buena (α = .79).
Sexismo ambivalente. Se utilizó la escala de Sexismo Ambivalente en Adolescentes (ISA) de De Lemus et al. (2008), que mide actitudes de sexismo hostil y benevolente en adolescentes mediante 20 ítems tipo Likert (“0 = Muy en desacuerdo” a “5 = Muy de acuerdo”). Sobre sexismo hostil, se preguntó por actitudes de rechazo y desvalorización hacia las mujeres, mientras que sobre sexismo benevolente se preguntó por creencias paternalistas que justifican la subordinación femenina bajo un aparente cuidado protector. La consistencia interna fue excelente a nivel global (α = .92) y buena para las subescalas (αhostil= .88; αbenevolente = .86).
Retoque de la imagen virtual en redes sociales. Para evaluar la forma en que el alumnado muestra su imagen en línea, se utilizó un ítem extraído del Cuestionario de Imagen Virtual de las Redes Sociales (CIV-RS) de Maganto y Peris (2013). El ítem es de tipo Likert con cuatro opciones de respuesta, desde “1 = No, las subo tal y como aparecen en la cámara” hasta “4 = Sí, mucho, la mejoro hasta verme como deseo aparecer”, midiendo la frecuencia con la que las fotografías se retocan o embellecen antes de ser publicadas en redes sociales.
Búsqueda de popularidad online. Se utilizó la escala Like-seeking behaviour de Dumas et al. (2017), con 11 ítems tipo Likert (“0 = Nunca” a “4 = A diario”), que evalúan cambios en la forma de expresarse o comportarse para aumentar la popularidad entre los compañeros, como modificar la vestimenta, ignorar a personas impopulares o asistir a fiestas para integrarse en el grupo. La consistencia interna fue buena (α = .80).
Diseño y procedimiento
Este estudio mixto fue aprobado por el Comité de Ética de los Hospitales Universitarios Virgen Macarena y Virgen del Rocío. Se utilizó un muestreo estratificado por distritos con participación voluntaria de los centros. Específicamente, se seleccionaron aleatoriamente dos centros por cada uno de los 11 distritos de Sevilla. Se solicitó la colaboración de centros educativos mediante correo electrónico y contacto telefónico, obteniéndose finalmente la participación de 14 centros educativos. Tras su aceptación y, de forma previa a la recogida de datos, se obtuvieron consentimientos de las familias y asentimientos del alumnado.
Para el estudio cualitativo (estudio 1) se organizaron 15 grupos focales con alumnado, asegurando que cada uno de ellos estuviera compuesto por, al menos, ocho participantes y que, en su conjunto, existiera paridad de género (52.6% chicos y 47.4% chicas). Los grupos focales se desarrollaron en horario escolar. Al inicio de cada sesión, se solicitó al alumnado la elección de un pseudónimo con el fin de preservar su identidad durante la grabación y se enfatizó que el objetivo era conocer su percepción sobre el sexting en adolescentes y jóvenes, concretamente, acerca de su conceptualización, características, riesgos y factores asociados y construcción de la sexualidad en el contexto digital, atendiendo a posibles roles y estereotipos de género. Cada grupo focal se desarrolló a partir de un guion de preguntas semiestructurado. Las sesiones fueron grabadas en audio para su posterior transcripción y tuvieron una duración aproximada de una hora. Siguiendo una aproximación bottom-up, la información derivada de las opiniones del alumnado se utilizó para precisar la selección de los instrumentos del estudio cuantitativo.
Para el estudio cuantitativo (estudio 2), de diseño transversal, prospectivo y unificado ex post facto (Montero y León, 2007), se diseñó y administró una batería de instrumentos a una muestra representativa de alumnado. Dicha batería se aplicó a estudiantes de primero a cuarto curso de ESO, primero y segundo de Bachillerato y primero y segundo curso de FP de Grado Medio, Grado Superior y FP Básica. La administración se realizó principalmente en formato papel (n = 2.837) y, en aquellos centros que así lo solicitaron, en formato online a través de SurveyMonkey© (n = 353). En todos los casos, los instrumentos fueron cumplimentados en horario escolar bajo la supervisión de un miembro del equipo investigador. Antes de comenzar, se enfatizó la importancia de leer detenidamente las instrucciones, así como el carácter voluntario y anónimo de la participación. El tiempo total de respuesta osciló entre 20 y 45 minutos.
Análisis de datos
En la fase cualitativa (estudio 1), los datos obtenidos a través de los grupos focales con estudiantes fueron grabados y transcritos para su posterior análisis. El análisis de la información se realizó mediante un análisis temático, apoyado por análisis descriptivos básicos, utilizando el software NVivo v.1.6.1. Siguiendo la propuesta de Braun y Clarke (2006, 2014), las transcripciones se categorizaron en función de los tipos de respuesta a las distintas preguntas y dimensiones del guion semiestructurado. Las categorías resultantes se representaron en un mapa de contenidos (ver Figura 1) y fueron tenidas en cuenta para componer la batería de instrumentos de la fase cuantitativa.
Figura 1. Sistema de categorías en torno a las percepciones, actitudes y experiencias sobre sexting entre adolescentes y jóvenes
En la fase cuantitativa (estudio 2), los datos obtenidos mediante la administración de la batería de instrumentos, tanto en formato online como en papel, fueron analizados con el paquete estadístico SPSS versión 26. Se calcularon análisis descriptivos de las dimensiones de sexting (envío, recepción, reenvío, recepción de reenvíos, victimización de reenvío sin consentimiento y motivos del reenvío), ciberacoso y ciberodio, desagregando los resultados por género. Para variables cuantitativas se reportaron medias (M) y desviaciones típicas (DT), mientras que para variables categóricas y ordinales se presentaron frecuencias y porcentajes.
Para analizar la relación entre género y la práctica de sexting con sus dimensiones (codificadas como sí/no) se emplearon pruebas chi-cuadrado y se calculó ϕ como índice de tamaño del efecto, considerando .10 como pequeño, .30 como medio y .50 como grande. La frecuencia de práctica de sexting y sus dimensiones se analizaron mediante prueba t de Student calculando la d de Cohen como medida de tamaño del efecto con valores de referencia 0.20 (pequeño), 0.50 (medio) y 0.80 (grande) (Cohen, 1977). Las relaciones bivariadas entre variables de sexting y otros riesgos psicosociales asociados se evaluaron mediante correlaciones de Pearson, segmentando según el género y utilizando el coeficiente r como tamaño del efecto pequeño (.10), medio (.30) o grande (.50). Se fijó el nivel de significación estadística en .05 y se consideraron concluyentes únicamente aquellos resultados con, al menos, un tamaño de efecto pequeño, dado que reflejan relaciones débiles pero relevantes a nivel poblacional.
Resultados
En los siguientes subapartados se presentan los resultados cualitativos y cuantitativos del estudio mixto secuencial. En primer lugar, se exponen los hallazgos derivados de los grupos focales y, posteriormente, se detallan los resultados correspondientes a los análisis de chi-cuadrado, pruebas t de Student y correlaciones de Pearson.
Percepciones de adolescentes y jóvenes sobre el sexting
El análisis cualitativo de los grupos focales permitió identificar seis categorías principales en las percepciones y conocimientos de adolescentes y jóvenes sobre el sexting: (1) conceptualización del fenómeno, (2) motivos o razones para su práctica, (3) actitudes hacia el sexting, (4) consecuencias percibidas, (5) estrategias de protección y (6) medidas de abordaje desde la familia y la escuela (ver Figura 1). En el presente estudio, se profundizará en las categorías 1-4.
En cuanto a la conceptualización, el alumnado definió el sexting a partir de las conductas implicadas (envío, reenvío y recepción), los tipos de contenido (principalmente fotografías, aunque también vídeos y mensajes de texto, incluidos stickers o gifs), el consentimiento y las personas participantes. El envío fue señalado como la conducta central, seguido del reenvío y la recepción.
Con respecto a la iniciativa y el consentimiento, se subrayó que la participación en el sexting no siempre es voluntaria, aludiendo a contextos de presión, amenazas o chantaje, tanto para el envío como para el reenvío:
«Aunque sea tu pareja, tú tienes todo el derecho a no enviarle nada si no te sientes a gusto» (Chica, 2º de ESO).
«Puede que a ti también te presionen para reenviar… Tenemos el típico amigo que te reenvía cosas y te dice: venga, ahora te toca a ti» (Chico, 3º de ESO).
Las razones para practicar sexting se diferenciaron entre el envío de contenido propio y el reenvío de contenido ajeno. Entre los motivos para el envío destacaron el aburrimiento, la normalización de la práctica, la baja autoestima, la búsqueda de popularidad, las dinámicas de pareja y la exposición a presión o amenazas.
«El sexting causa tanto revuelo porque es una forma nueva de explorar la sexualidad, pero es algo normal» (Chica, 4º de ESO).
«A algunas personas les gusta mucho el contacto físico. En las relaciones a distancia es el único medio al que pueden acceder para no perder el vínculo físico de la relación» (Chico, 1º de Bachillerato).
En el caso del reenvío, se mencionaron el aburrimiento, la búsqueda de popularidad, la burla, la diversión y el rencor o la venganza:
«Hay gente que presume de que le han enviado fotos»
(Chica, 1º de Bachillerato)
En relación con las diferencias de género, se observaron posiciones divergentes: mientras que una parte del alumnado percibió una participación similar entre chicos y chicas, otros señalaron diferencias en los comportamientos y, especialmente, en las consecuencias sociales asociadas:
«Envían más las chicas y reciben más los chicos… porque los chicos piden más» (Chica, 3º de ESO).
Las actitudes hacia el sexting se agruparon en actitudes de aceptación y de rechazo. La aceptación se vinculó a la libertad individual, la voluntariedad, el consentimiento y el respeto a la privacidad. El rechazo se asoció principalmente a la pérdida de control del contenido, la exposición a críticas y la consideración de la práctica como irresponsable:
«Mientras las dos partes estén de acuerdo y se respeten no tiene por qué molestar» (Chico, 3º de ESO).
En cuanto a las consecuencias, el alumnado destacó principalmente las derivadas del envío de contenido sexual, como la difusión incontrolada en Internet, el acoso, el daño psicológico, la decepción familiar y la posible repercusión negativa en oportunidades futuras. De forma puntual, se mencionó como consecuencia positiva el aumento del reconocimiento erótico-afectivo entre iguales. La recepción se asoció a incomodidad o malestar, mientras que el reenvío se vinculó al riesgo de venganza y a sanciones legales. En general, se percibió conciencia de los riesgos entre los iguales:
«Lo que llega a Internet… ahí se queda» (Chica, 2º de ESO).
«Lo malo no es el acto, sino lo que te puede pasar, las consecuencias» (Chico, 4º de ESO).
En este sentido, existió consenso en que las consecuencias negativas recaen de forma más intensa sobre las chicas, quienes serían socialmente más penalizadas por participar en estas prácticas:
«Yo creo que lo hacen por igual chicos que chicas, pero cuando lo hacen las chicas es más probable que se les tache de algo… algo…» (Chica, 2º de Bachillerato).
Distribución de la práctica de sexting y sus motivos en función del género
La prevalencia global de la práctica de sexting fue del 56% de los casos analizados (N = 2.730). La conducta más frecuente fue la recepción de contenido sexual (43.8%), seguida del envío (37.9%), la recepción de reenvíos (36.1%), la victimización por reenvío sin consentimiento (12.1%) y, en último lugar, el reenvío (8.5%). En la Tabla 1 se presenta la prevalencia de cada conducta de sexting, desagregada por género.
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Tabla 1. Prevalencia, en porcentajes, del sexting y sus conductas, desagregada por género |
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% Total |
% Chicos |
% Chicas |
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Práctica de Sexting*** |
No |
44.0 |
50.6 |
38.1 |
|
Sí |
56.0 |
49.9 |
61.9 |
|
|
N |
2.730 |
1.279 |
1.451 |
|
|
Envío*** |
No |
62.1 |
67.3 |
57.5 |
|
Sí |
37.9 |
32.7 |
42.5 |
|
|
N |
2.752 |
1.284 |
1.468 |
|
|
Recepción*** |
No |
56.2 |
62.9 |
50.2 |
|
Sí |
43.8 |
37.1 |
49.8 |
|
|
N |
2.754 |
1.292 |
1.462 |
|
|
Reenvío |
No |
91.5 |
91.5 |
91.4 |
|
Sí |
8.5 |
8.5 |
8.6 |
|
|
N |
2.731 |
1.282 |
1.449 |
|
|
Recepción de reenvíos*** |
No |
63.9 |
69.3 |
59.1 |
|
Sí |
36.1 |
30.7 |
40.9 |
|
|
N |
2.761 |
1.288 |
1.473 |
|
|
Victimización de reenvío sin consentimiento |
No |
87.9 |
86.2 |
89.5 |
|
Sí |
12.1 |
13.8 |
10.5 |
|
|
N |
2.671 |
1.266 |
1.411 |
|
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Nota. *** Mayor prevalencia significativa en chicas que chicos y tamaño de efecto pequeño, p < .001. |
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En relación con las diferencias de género, las pruebas de chi-cuadrado evidenciaron asociaciones estadísticamente significativas, si bien con tamaños del efecto pequeños. Concretamente, el porcentaje de chicas que practicaban sexting fue superior al de chicos, χ²(1, N = 2.730) = 42.94, p < .001, ϕ = .12. Asimismo, las chicas presentaron una mayor implicación en el envío, χ²(1, N = 2.752) = 27,92, p < .001, ϕ = .10, en la recepción, χ²(1, N = 2.754) = 45.08, p < .001, ϕ = .13, y en la recepción de reenvíos, χ²(1, N = 2.761) = 34.00, p < .001, ϕ = .11. Por el contrario, no se observaron diferencias estadísticamente significativas en la victimización por reenvío sin consentimiento ni en la conducta de reenvío.
Con respecto a los motivos del envío de sexting, los más prevalentes fueron su consideración como una práctica habitual en la pareja (23.2%), el envío por diversión o broma (22%), la percepción de la propia imagen como atractiva (21.5%) y su uso con fines de coqueteo (20.6%). No se observaron diferencias concluyentes en función del género en ninguno de los motivos analizados, con tamaños del efecto nulos.
Con respecto a los motivos del reenvío, las prevalencias fueron inferiores a las del envío. El reenvío por diversión o broma y el reenvío con consentimiento de la persona representada fueron los más frecuentes (ambos 7.6%), seguidos del reenvío accidental (6.4%). Tampoco se hallaron diferencias concluyentes por género en los motivos de reenvío, observándose tamaños del efecto nulos.
Diferencias de género en los riesgos psicosociales
Se encontraron diferencias de género estadísticamente significativas en todos los riesgos psicosociales (p < .001), excepto en ciberagresión (ver Tabla 2). Específicamente, las chicas mostraron puntuaciones más altas que los chicos en cibervictimización (Mchicas = .34 vs. Mchicos = .27), ciberodio (Mchicas = .81 vs. Mchicos = .68), retoque de la imagen virtual en redes sociales (Mchicas = 1.79 vs. Mchicos = 1.59) y búsqueda de la popularidad online (Mchicas = 1.26 vs. Mchicos = .86), mientras que los chicos mostraron puntuaciones más altas que las chicas en aceptación de los mitos del amor romántico (Mchicos = 1.55 vs. Mchicas = 1.28), sexismo hostil (Mchicos = 1.73 vs. Mchicas = .89) y sexismo benevolente (Mchicos = 1.79 vs. Mchicas = 1.31).
|
Tabla 2. Análisis descriptivos y pruebas t de Student en riesgos psicosociales según el género |
||||||||
|
M |
DT |
M |
DT |
t |
p |
d |
||
|
Cibervictimización |
.31 |
.42 |
Chicos |
.27 |
.40 |
–4.08 |
.001* |
.42 |
|
Chicas |
.34 |
.44 |
||||||
|
Ciberagresión |
.21 |
.34 |
Chicos |
.22 |
.38 |
1.44 |
.15 |
.34 |
|
Chicas |
.20 |
.30 |
||||||
|
Ciberodio |
.75 |
.70 |
Chicos |
.68 |
.74 |
–4.83 |
.001* |
.70 |
|
Chicas |
.81 |
.66 |
||||||
|
Aceptación de mitos del amor romántico |
1.40 |
.66 |
Chicos |
1.55 |
.66 |
10.86 |
.001* |
.65 |
|
Chicas |
1.28 |
.63 |
||||||
|
Sexismo hostil |
1.27 |
1.02 |
Chicos |
1.73 |
1.09 |
22.69 |
.001* |
.93 |
|
Chicas |
.89 |
.78 |
||||||
|
Sexismo benevolente |
1.53 |
1.02 |
Chicos |
1.79 |
1.04 |
12.21 |
.001* |
.99 |
|
Chicas |
1.31 |
.94 |
||||||
|
Retoque de la imagen virtual en redes sociales |
1.70 |
.71 |
Chicos |
1.59 |
.73 |
–7.25 |
.001* |
.79 |
|
Chicas |
1.79 |
.68 |
||||||
|
Búsqueda de la popularidad online |
1.07 |
.67 |
Chicos |
.86 |
.64 |
–15.60 |
.001* |
.64 |
|
Chicas |
1.26 |
.64 |
||||||
|
Nota. *** Diferencia de medias estadísticamente significativas, p < .001. |
||||||||
Asociación entre sexting y riesgos psicosociales entre chicos y chicas
El envío de sexting se asoció positivamente, tanto en chicos como chicas, con cibervictimización (rchicos = .31, rchicas = .31; p < .001), ciberagresión (rchicos = .32, rchicas = .32; p < .001), ciberodio (rchicos = .28, rchicas = .32; p < .001), sexismo benevolente (rchicos = .08, rchicas = .08; p < .001), retoque de la imagen virtual en redes sociales (rchicos = .13, rchicas = .11; p < .001) y búsqueda de popularidad online (rchicos = .39, rchicas = .27; p < .001). Sin embargo, no se halló asociación significativa, ni en chicos ni chicas, con aceptación de mitos del amor romántico (p > .05), y con sexismo hostil se asoció significativamente en los chicos (rchicos = .12, p < .001), pero no en las chicas (rchicas = .05; p = .087).
La recepción de sexting se asoció positivamente, tanto en chicos como chicas, con cibervictimización (rchicos = .34, rchicas = .38; p < .001), ciberagresión (rchicos = .35, rchicas = .31; p < .001), ciberodio (rchicos = .30, rchicas = .39; p < .001), sexismo hostil (rchicos = .14, rchicas = .08; p < .001), sexismo benevolente (rchicos = .08, rchicas = .10; p < .001), retoque de la imagen virtual en redes sociales (rchicos = .15, rchicas = .10; p < .001) y búsqueda de popularidad online (rchicos = .43, rchicas = .33; p < .001). Sin embargo, no se halló asociación significativa, ni en chicos ni chicas, con aceptación de mitos del amor romántico (p > .05).
El reenvío de sexting se asoció positivamente, tanto en chicos como chicas, con cibervictimización (rchicos = .30, rchicas = .23; p < .001), ciberagresión (rchicos = .35, rchicas = .31; p < .001), ciberodio (rchicos = .38, rchicas = .33; p < .001), sexismo hostil (rchicos = .19, rchicas = .08; p < .001), sexismo benevolente (rchicos = .12, p < .001; rchicas = .07, p < .05) y búsqueda de popularidad online (rchicos = .17, rchicas = .13; p < .001). Sin embargo, no se hallaron asociaciones significativas en las chicas con aceptación de mitos del amor romántico (rchicas = .04; p = .196) ni con retoque de la imagen virtual en redes sociales (rchicas = .05; p = .055), pero sí en los chicos (rchicos = .10, p < .001 y rchicos = .08, p < .001, respectivamente).
La recepción de reenvíos de sexting se asoció positivamente, tanto en chicos como chicas, con cibervictimización (rchicos = .40, rchicas = .35; p < .001), ciberagresión (rchicos = .41, rchicas = .36; p < .001), ciberodio (rchicos = .32, rchicas = .35; p < .001), sexismo hostil (rchicos = .21, rchicas = .12; p < .001), sexismo benevolente (rchicos = .14, p < .001; rchicas = .12, p < .05), retoque de la imagen virtual en redes sociales (rchicos = .15, p < .001; rchicas = .07; p < .05) y búsqueda de popularidad online (rchicos = .35, rchicas = .25; p < .001). Sin embargo, no se halló asociación significativa en las chicas con aceptación de mitos del amor romántico (rchicas = .02; p = .086), pero sí en los chicos (rchicos = .09, p < .001).
La victimización por reenvío sin consentimiento se asoció positivamente con todos los riesgos psicosociales, tanto en chicos como chicas: con cibervictimización (rchicos = .31, rchicas = .29; p < .001), ciberagresión (rchicos = .32, rchicas = .27; p < .001), ciberodio (rchicos = .13, rchicas = .21; p < .001), aceptación de mitos del amor romántico (rchicos = .10, rchicas = .08; p < .001), sexismo hostil (rchicos = .11, rchicas = .12; p < .001), sexismo benevolente (rchicos = .07, p < .05; rchicas = .11, p < .001), retoque de la imagen virtual en redes sociales (rchicos = .10; rchicas = .07; p < .001) y búsqueda de popularidad online (rchicos = .12, rchicas = .08; p < .001).
En la Tabla 3 se presentan las correlaciones de las conductas de sexting y todos los riesgos psicosociales.
|
Tabla 3. Análisis de correlaciones entre conductas de sexting y riesgos psicosociales según el género |
|||||||||||||
|
E |
Rec |
Ree |
RecRee |
VRee |
CV |
CA |
CO |
MAR |
SH |
SB |
IV |
BPO |
|
|
E |
- |
.774** |
.233** |
.332** |
.134** |
.309** |
.317** |
.316** |
-.038 |
.047 |
.082** |
.105** |
.270** |
|
Rec |
.779** |
- |
.190** |
.429** |
.167** |
.375** |
.312** |
.390** |
-.047 |
.076** |
.095** |
.102** |
.329** |
|
Ree |
.403** |
.363** |
- |
.296** |
.243** |
.229** |
.332** |
.199** |
.035 |
.076** |
.070* |
.052 |
.129** |
|
RecRee |
.375** |
.474** |
.368** |
- |
.246** |
.348** |
.363** |
.346** |
.023 |
.117** |
.115** |
.069* |
.246** |
|
VRee |
.383** |
.342** |
.459** |
.220** |
- |
.291** |
.273** |
.213** |
.080** |
.117** |
.111** |
.073** |
.081** |
|
CV |
.308** |
.336** |
.296** |
.397** |
.307** |
- |
.443** |
.487** |
.118** |
.129** |
.138** |
.107** |
.360** |
|
CA |
.315** |
.350** |
.384** |
.408** |
.316** |
.670** |
- |
.407** |
.098** |
.193** |
.205** |
.120** |
.318** |
|
CO |
.276** |
.303** |
.234** |
.319** |
.126** |
.454** |
.471** |
- |
-.036 |
.067* |
.056* |
.099* |
.346** |
|
MAR |
.051 |
.029 |
.101** |
.094** |
.104** |
.114** |
.126** |
.032 |
- |
.448** |
.575** |
.012 |
.137** |
|
SH |
.123** |
.142** |
.194** |
.213** |
.112** |
.168** |
.263** |
.221** |
.376** |
- |
.692** |
.077** |
.150** |
|
SB |
.082** |
.078** |
.116** |
.136** |
.071* |
.147** |
.183** |
.094** |
.551** |
.635** |
- |
.083** |
.218** |
|
IV |
.126** |
.151** |
.078** |
.152** |
.097** |
.140** |
.141** |
.116** |
.062* |
-.014 |
.061* |
- |
.208** |
|
BPO |
.394** |
.431** |
.167** |
.351** |
.119** |
.335** |
.327** |
.327** |
.118** |
.155** |
.175** |
.288** |
- |
|
Nota. Triángulo superior = chicas; triángulo inferior = chicos. E = envío; Rec = Recepción; Ree = Reenvío; RecRee = Recepción de reenvíos; VRee = Victimización por reenvío sin consentimiento; CV = cibervictimización; CA = ciberagresión; CO = ciberodio; MAR = aceptación de mitos del amor romántico; SH = sexismo hostil; SB = sexismo benevolente; IV = imagen virtual en redes sociales; BPO = búsqueda de popularidad online. |
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Discusión
El presente estudio mixto secuencial tuvo como objetivo analizar el sexting en adolescentes y jóvenes mediante la combinación de una fase cualitativa, centrada en percepciones, actitudes y experiencias, y una fase cuantitativa orientada a estimar su prevalencia y relación con distintos riesgos psicosociales, considerando además las posibles diferencias de género.
En conjunto, los resultados muestran que el sexting forma parte de la experiencia relacional digital de adolescentes y jóvenes, en línea con investigaciones previas (Lippman et al., 2014; Mori et al., 2022; Schubert y Wurf, 2014). Sin embargo, no se trata de una práctica neutra, sino que aparece vinculada a dinámicas de vulnerabilidad y desigualdad que requieren una lectura contextualizada (Bhat, 2018; Kopecký, 2012; Symons et al., 2018). En cuanto a su significado, el alumnado lo identifica principalmente como el envío, recepción o reenvío de contenido erótico-sexual, coincidiendo con la literatura (Barrense-Dias et al., 2017). Aunque no siempre utiliza la etiqueta, lo percibe como algo integrado en las relaciones juveniles (Lim et al., 2016), donde el consentimiento emerge como un elemento clave, especialmente cuando se trata de prácticas sin autorización o mediadas por presión o chantaje (Dekker y Thula, 2017).
Una de las aportaciones del presente estudio es precisamente mostrar cómo esta percepción de normalización se refleja en los datos cuantitativos. Mientras que la fase cualitativa evidenció que el alumnado sitúa estas prácticas dentro de repertorios relacionales cotidianos, la fase cuantitativa permitió constatar su amplia presencia en la muestra (56%). Considerados conjuntamente, ambos hallazgos sugieren que no se trata de una conducta marginal, sino de un comportamiento integrado en la cultura digital juvenil, como expresión contemporánea de la sexualidad.
Al mismo tiempo, los resultados ponen de relieve su carácter ambivalente. En los discursos cualitativos aparecen tensiones entre voluntariedad y presión, o entre consentimiento y pérdida de control del contenido. Esta ambivalencia se ve respaldada por la fase cuantitativa, donde el sexting se asocia de forma consistente con distintos riesgos psicosociales, como la ciberviolencia. Por tanto, más que una práctica aislada, el sexting parece formar parte de un entramado relacional más amplio en el que se combinan interacción, reconocimiento social y situaciones de vulnerabilidad.
En este contexto, analizar los motivos de envío permite entender mejor qué funciones cumple esta práctica. Los resultados de ambas fases coinciden con la literatura al señalar la normalización en el contexto de la pareja, el coqueteo, la experimentación y la presión como razones principales (Cooper et al., 2016; Houck et al., 2014; Kopecký, 2015; Lim et al., 2016; Villacampa, 2017). Más allá de su frecuencia, estos motivos sugieren que el sexting puede funcionar tanto como una forma de interacción afectivo-sexual como una estrategia para gestionar el vínculo y el reconocimiento entre iguales. En esta línea, su relación con la imagen virtual y la búsqueda de popularidad refuerza el papel de la autopresentación y del estatus en las dinámicas grupales (Dumas et al., 2017; Koski et al., 2015; Utz et al., 2012). Por su parte, el reenvío sin consentimiento, asociado a motivos como la broma, el deseo de impresionar o la venganza, permite entender esta práctica como una forma de agresión mediada por la tecnología (Pampati et al., 2020).
En cuanto a su relación con otros riesgos psicosociales, la fase cualitativa ya sugería que el alumnado vincula estas prácticas con la exposición, la pérdida de control del contenido y el acoso entre iguales. En coherencia con ello, particularmente, la fase cuantitativa mostró un patrón de asociación con la ciberviolencia similar en chicos y chicas. Aunque algunas correlaciones variaron en intensidad, no se observó una tendencia clara por género. En conjunto, estos resultados indican que el sexting se inserta en dinámicas más amplias de vulnerabilidad en el contexto online (Frankel et al., 2018; Ojeda et al., 2019; Van Ouytsel, Lu, et al., 2019). No obstante, en el caso del ciberodio conviene interpretar los hallazgos con cautela, ya que la medida utilizada integra formas de implicación distintas, como ver, recibir, enviar o buscar, que no son equivalentes.
Más allá de estas asociaciones, los resultados muestran diferencias de género en el perfil psicosocial. Las chicas presentan puntuaciones más altas en variables relacionadas con la exposición al daño y al escrutinio en el contexto online, así como en indicadores de autopresentación y búsqueda de reconocimiento online. En cambio, los chicos destacan en variables vinculadas a creencias normativas tradicionales sobre las relaciones y los roles de género, como el sexismo. Estas diferencias pueden entenderse mejor en base a los resultados de la fase cualitativa, donde aparece de forma clara la idea de que las chicas son más juzgadas y reciben una mayor sanción social. En conjunto, estos resultados sitúan el sexting dentro de un marco de desigualdad persistente en la cultura digital (Ferrer-Pérez et al., 2010; Glick y Fiske, 1996, 2011; Martínez Soto et al., 2024; Ringrose et al., 2013). En este sentido, el sexismo ambivalente podría configurarse como un mecanismo que legitima y sanciona de forma diferencial las mismas conductas entre chicos y chicas, reproduciendo jerarquías de género también en los entornos virtuales (Mascheroni et al., 2015; Ojeda et al., 2025; Wood et al., 2015).
Limitaciones y futuras líneas de investigación
El presente estudio mixto presenta varias limitaciones que deben tenerse en cuenta. En la fase cualitativa, su carácter exploratorio y el empleo de grupos focales pueden haber condicionado la expresión de opiniones de algunos y algunas participantes, favoreciendo discursos socialmente más aceptados y limitando la expresión de vivencias difíciles de verbalizar en grupo. En la fase cuantitativa, en primer lugar, el diseño transversal impide establecer relaciones causales entre la práctica de sexting y los riesgos psicosociales asociados. En segundo lugar, el uso de autoinformes puede estar sujeto a sesgos de deseabilidad social, especialmente al abordar conductas sensibles, como la ciberviolencia. En tercer lugar, la muestra se circunscribe a un contexto geográfico específico, lo que restringe la generalización de los hallazgos a otras poblaciones. Asimismo, dado que los hallazgos de la fase cualitativa orientaron la selección de instrumentos de la fase cuantitativa, es posible que no se incluyeran otras variables relevantes que no emergieron de forma espontánea en los discursos. Pese a ello, la integración de metodologías cualitativa y cuantitativa permitió la triangulación de la información y fortaleció la validez interpretativa de los resultados. Futuros estudios deberían reforzar la integración de las fases cuantitativa y cualitativa, emplear diseños longitudinales que posibiliten analizar trayectorias y relaciones temporales y ampliar la diversidad geográfica y sociocultural de la muestra.
Conclusiones e implicaciones prácticas
Los hallazgos de este estudio mixto evidencian que el sexting es una práctica ampliamente extendida entre adolescentes y jóvenes, percibida como parte de su socialización afectivo-sexual (Van Ouytsel et al., 2016), pero también asociada a ciberviolencia y desigualdades de género. Así, estas diferencias no radican únicamente en la participación, sino también en la valoración social y las consecuencias derivadas. Por ello, integrar una perspectiva de género resulta imprescindible no sólo para comprender este fenómeno y diseñar intervenciones psicoeducativas centradas en el consentimiento, la ética digital y el cuestionamiento crítico de las normas de género en la red (Jiménez-Ríos et al., 2023; Ojeda y Del Rey, 2022), sino también para orientar políticas públicas que incorporen esta problemática en los planes de convivencia e igualdad y los protocolos de actuación en los centros educativos, así como que refuercen la formación de profesionales, como a los equipos de orientación educativa.
Fuentes de financiación y agradecimientos:
Este trabajo ha sido financiado por el Plan Nacional de Investigación del Gobierno de España [MICIU/AEI/10.13039/501100011033; número de subvención PID2020-115913GB-I00] y por el Ayuntamiento de Sevilla (contrato 68/83: 4330/0608). Las personas autoras agradecen el apoyo recibido.
Declaraciones:
No existen conflictos de intereses que declarar en relación con el contenido de este artículo.
Taxonomía CRediT
Esperanza Espino: Conceptualización, Análisis formal, Metodología, Redacción – borrador original, Redacción – revisión y edición.
Mónica Ojeda: Conceptualización, Curación de datos, Análisis formal, Metodología, Redacción – revisión y edición.
María García-Jiménez: Conceptualización, Curación de datos, Análisis formal, Metodología, Redacción – revisión y edición.
Joaquín A. Mora-Merchán: Conceptualización, Redacción – revisión y edición.
Mercedes Durán-Segura: Conceptualización, Redacción – revisión y edición.
Rosario Del Rey: Conceptualización, Adquisición de fondos, Administración del proyecto, Metodología, Redacción – revisión y edición.
Todas las personas autoras han leído y aprobado la versión final del manuscrito.
Breve biografía de autoras y autores
Esperanza Espino es Profesora Ayudante Doctora del Departamento de Psicología de la Universidad Loyola Andalucía y experta en bullying y cyberbullying entre adolescentes y jóvenes, especialmente en situaciones complejas de implicación, como polimplicación, cronificación o estigma hacia la diversidad.
Mónica Ojeda es Profesora Titular del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Sevilla y experta en sexting en adolescentes y jóvenes, atendiendo a sus distintas manifestaciones, motivaciones e impacto psicosocial e integrando la perspectiva de género.
María García-Jiménez es Profesora Titular del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Sevilla y experta en igualdad y violencia de género en población adolescente y juvenil.
Joaquín A. Mora-Merchán es Profesor Titular del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Sevilla y experto en violencia escolar, como bullying y cyberbullying, y en la convivencia escolar y digital.
Mercedes Durán-Segura es Profesora Titular del Departamento de Psicología Social de la Universidad de Sevilla y experta en ciberviolencia sexual en adolescentes y jóvenes desde una perspectiva de género.
Rosario Del Rey es Catedrática del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Sevilla y experta en distintas manifestaciones de violencia escolar y ciberviolencia, como bullying, cyberbullying, sexting y cyberhate, y en la convivencia escolar y digital.
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