Violencias Machistas y Políticas de Igualdad (VMPI) · Núm. 1, e3 · 2026 ·

e-ISSN 3137-7483 · DOI: https://doi.org/10.51698/0wd1d147


Victimización Sexual Online en Adolescentes: Un Análisis del Papel
del Género, la Edad y el Consumo
de Pornografía

Uxue Llano-Abasolo¹ ORCID Logo, María Dosil-Santamaria² ORCID Logo, Itsaso Biota Piñeiro³ ORCID Logo
y Joana Jaureguizar¹ ORCID Logo

¹ Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación, Facultad de Educación de Bilbao, Universidad del País Vasco (UPV/EHU), Leioa, España
² Departamento de Ciencias de la Educación, Facultad de Educación de Bilbao, Universidad del País Vasco (UPV/EHU), Leioa, España
³ Departamento de Didáctica y Organización Escolar, Facultad de Educación de Bilbao, Universidad del País Vasco (UPV/EHU), Leioa, España

Recepción: 13/02/2026
Aceptación: 28/05/2026

Victimización sexual online en adolescentes: un análisis del papel del género, la edad y el consumo de pornografía

Resumen. La violencia sexual digital es una forma de violencia mediada por las tecnologías con potencial carácter delictivo y consecuencias psicosociales, en la que el consumo de pornografía se ha evidenciado como un posible factor asociado a la exposición a riesgos en entornos digitales. El presente estudio analiza la estructura factorial de la victimización sexual online en adolescentes, así como su relación con el sexo, la edad y el consumo de pornografía. Se empleó un diseño transversal con 508 estudiantes del País Vasco (12-19 años), aplicando análisis factoriales, asociaciones entre variables y pruebas no paramétricas para la comparación de grupos. Los resultados confirmaron la estructura bidimensional diferenciando entre la aproximación sexual online por adultos y coerción sexual online. Las chicas mostraron mayores niveles en ambas dimensiones. La edad y el consumo de pornografía se asociaron únicamente con la aproximación sexual online, mientras que dicho consumo fue más frecuente en chicos y aumentó con la edad. Estos hallazgos evidencian la necesidad de programas preventivos con perspectiva de género, alfabetización digital y educación sexual integral, involucrando a alumnado, profesorado y familias desde edades tempranas.

Palabras clave: Victimización sexual digital; Adolescentes; Online grooming; Sextorsión; Coerción sexual; Consumo de pornografía; Perspectiva de género

Online Sexual Victimization in Adolescents: An Analysis of the Role of Gender, Age, and Pornography Consumption

Abstract. Digital sexual violence is a type of technology-mediated violence that may constitute a criminal offence and have psychosocial consequences, in which pornography consumption has been identified as a potential factor associated with exposure to risks in digital environments. This study analyses the factor structure in relation to gender, age and pornography consumption. A cross-sectional design was employed with 508 students from the Basque Country (aged 12–19), applying factor analyses, associations between variables and non-parametric tests for group comparisons. The results confirmed a two-dimensional structure, distinguishing between online sexual advances by adults and online sexual coercion. Girls showed higher levels on both dimensions. Age and pornography consumption were associated solely with online sexual solicitation, whilst such consumption was more frequent among boys and increased with age. These findings highlight the need for preventive programmes with a gender perspective, digital literacy and comprehensive sex education, involving pupils, teachers and families from an early age.

Keywords: Digital sexual victimisation; Adolescents; Online grooming; Sextortion; Sexual coercion; Pornography consumption; Gender perspective

Correspondencia:

Uxue Llano-Abasolo

Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación, Facultad
de Educación de Bilbao, Universidad del País Vasco (UPV/EHU),
Barrio Sarriena, s/n, 48940 Leioa (Bizkaia), España

uxue.llano@ehu.eus

Cómo citar este artículo:

Llano-Abasolo, U., Dosil-Santamaria, M., Biota Piñeiro, I. y Jaureguizar, J. (2026). Victimización Sexual Online en Adolescentes: Un Análisis del Papel del Género, la Edad y el Consumo de Pornografía. Violencias Machistas y Políticas de Igualdad, 1, e3. https://doi.org/10.51698/0wd1d147

Licencia Creative Commons



Introducción

Conceptualización

El desarrollo de los servicios en el entorno digital ha convertido a Internet en un recurso universal (Monteiro et al., 2024), multiplicando así los canales a través de los cuales puede ejercerse la violencia de carácter sexual (McGlynn y Rackley, 2017; Ortega-Barón et al., 2022). Durante los últimos años se ha observado un creciente interés debido al aumento de las interacciones a través de las tecnologías (Nanclares et al., 2025), confirmando así su carácter emergente (Mori et al., 2022).

Sin embargo, hasta la fecha no se ha establecido una definición para referirse a la violencia sexual online (Sheikh y Rogers, 2024). En este sentido, autores indican que la violencia sexual online engloba un conjunto de conductas de carácter sexual ejecutadas mediante tecnologías, tales como dispositivos móviles y otros dispositivos electrónicos, que pueden tener carácter delictivo y provocar malestar, estrés o sufrimiento en quien lo experimenta (Henry y Powell, 2016; Patel y Roesch, 2022; Powell et al., 2018). Esta violencia sexual, caracterizada por su diversidad de formas y expresiones (Alonso-Ruido et al., 2024), constituye una problemática que afecta a una proporción significativa de adolescentes, tanto en el rol de víctimas como de perpetradores (Águila-Otero y Pereda, 2025). Ante la variedad de comportamientos que abarca, el presente estudio aborda el online grooming y la coerción sexual en entornos digitales, dos formas que han recibido especial atención en la literatura acerca de la victimización en adolescentes.

Por un lado, el online grooming se define como el proceso mediante el cual una persona establece y mantiene contacto con otra menor de edad a través de medios digitales para obtener material de carácter sexual o mantener relaciones sexuales (Marmol et al., 2025; Reneses et al., 2025). La literatura científica señala que es fundamental distinguir entre la solicitud y la interacción sexual (De Santisteban y Gámez-Guadix 2018). Mientras que la solicitud sexual puede producirse sin que exista una respuesta por parte de la persona menor de edad, la interacción sexual online engloba desde interacciones online hasta encuentros fuera del entorno digital.

Catarina y Pereira (2025) indican que entre las solicitudes sexuales online más frecuentes entre los y las más jóvenes destacan haber recibido preguntas de índole sexual por parte de una persona adulta a través de Internet (37.8%), así como peticiones para el envío de fotos o videos con contenido sexual (31.4%). De Santisteban y Gámez-Guadix (2017) señalan que las personas agresoras pueden desarrollar diversas estrategias para atraer e iniciar el contacto con los y las menores, entre las que destacan la adaptación del lenguaje y la manipulación de la identidad digital. Este tipo de conductas facilita el contacto con un gran número de víctimas, de las cuales se establecerá contacto con una parte reducida de las mismas.

Por otro lado, la coerción sexual online o sextorsión es otro de los rostros de la violencia sexual online. La sextorsión presenta un carácter multidimensional con dinámicas que implican coerción en diversos niveles. Entre las más relevantes se encuentran la presión sobre las víctimas para que generen imágenes sexuales, así como estrategias de control basadas en amenazas de difusión de dicho material, causando graves consecuencias en las víctimas (Wolak et al., 2018). La literatura señala que la sextorsión suele iniciarse mediante solicitudes aparentemente sutiles de imágenes personales, para luego escalar hacia dinámicas coercitivas más complejas (Hong et al., 2020). En cuanto a las diferencias por sexo, estudios recientes señalan que las chicas presentan una mayor prevalencia de experiencias de sextorsión en comparación con los chicos (Alonso-Ruido et al., 2024).

En los últimos años se han desarrollado diversos instrumentos para evaluar la violencia sexual online. Algunos estudios han abordado manifestaciones específicas de la violencia sexual online de manera independiente, poniendo el foco en conductas concretas (Powell et al., 2020; Yar y Drew, 2019). Sin embargo, otros se han focalizado exclusivamente en la victimización, dejando de lado la dimensión de la perpetración (Montiel y Carbonell, 2012; O’Malley y Holt, 2022). En esta línea, Martínez-Bacaicoa et al. (2024) desarrollaron un estudio cuyo objetivo fue evaluar diversas manifestaciones de la violencia sexual digital relacionadas tanto con la perpetración como con la victimización. Los resultados mostraron adecuadas propiedades psicométricas, lo que respalda el uso del instrumento para evaluar ambas dimensiones de la violencia sexual facilitada por la tecnología.

Prevalencia victimización sexual online en adolescentes

En el contexto español, varios estudios muestran que entre el 34.5% y el 39.5% de las personas adolescentes, han experimentado alguna forma de violencia sexual en entornos digitales, siendo el online grooming una de las modalidades más frecuentes (Martínez-Bacaicoa et al., 2024; Montiel et al., 2016). Adicionalmente, en un estudio de 1.027 estudiantes (M = 14,93 años), el 14,4% señaló haber participado en la distribución no consentida de contenido sexual en los dos meses anteriores, siendo más frecuente el reenvío de mensajes (12.3%), seguido de la difusión de imágenes (3.9%) y de vídeos (2%) (Durán-Guerrero y Sánchez-Jiménez, 2025). A nivel internacional, los resultados obtenidos por Wolak et al. (2018) indican que un número significativo de jóvenes universitarios manifestó haber experimentado presiones para producir imágenes sexuales durante la adolescencia, así como acoso y amenazas de agresión online.

La solicitación como la interacción sexual online con personas adultas afecta a gran parte de los y las adolescentes (Ortega-Baron et al., 2022). Los datos muestran que una proporción considerable (41.9%) ha recibido solicitudes asociadas al online grooming y aproximadamente una cuarta parte (25.6%) ha mantenido interacciones sexuales con personas adultas (Catarina y Pereira, 2025).

La evidencia señala de forma reiterada que las chicas presentan niveles más elevados de victimización sexual online, mientras que los chicos obtienen puntuaciones superiores en perpetración. Estos patrones se observan tanto en el online grooming (De Santiesteban y Gámez-Guadix, 2018; Reneses et al., 2025) como en otras formas de violencia sexual facilitada por la tecnología como la sextorsión (Wolak et al. 2018) u otras manifestaciones digitales (Águila-Otero y Pereda, 2025; Gámez-Guadix et al., 2022; Martínez-Bacaicoa et al., 2023).

Estos patrones diferenciados entre chicas y chicos responden a procesos de socialización de género que se reproducen también en los entornos digitales (Carrera Fernández et al., 2013). Las chicas se enfrentan a mayores presiones sociales y normativas que pueden favorecer su exposición a conductas sexuales digitales (Del Rey et al., 2019), mientras que los chicos suelen estar expuestos a dinámicas grupales que refuerzan conductas de solicitud a las chicas, conductas marcadas por normas de género, asociando la masculinidad con la búsqueda de poder y reconocimiento (Ringrose et al., 2021).

Respecto a la edad, durante la adolescencia, el incremento de edad está relacionado con una mayor probabilidad de exposición a riesgos en entornos digitales (Baldry et al., 2019) y específicamente, violencia sexual online (Resset, 2021). En consonancia, Gámez-Guadix et al. (2017) señalan que la participación en el envío de contenido sexual se intensifica a lo largo del periodo adolescente. Sklenarova et al. (2018) también señalan que los y las adolescentes de mayor edad presentan más probabilidad de experimentar situaciones de acoso online en comparación con los grupos de menor edad. Una posible explicación es que, a medida que los y las adolescentes avanzan en edad, aumenta tanto su participación en relaciones sentimentales (contexto donde con frecuencia emerge el sexting), como su nivel de actividad en redes sociales, lo que podría favorecer la aparición de estas conductas.

Pornografía y victimización sexual online

Las tecnologías de la información y la comunicación han ampliado el acceso de la población adolescente a contenidos sexuales online (Merlyn et al., 2020). Dicho contenido se estructura en torno a discursos de odio y a representaciones que degradan o deshumanizan a las mujeres, contribuyendo así a la reproducción de la desigualdad de género (Cobo 2020, 2024). La pornografía expone a prácticas que erotizan la violencia hacia las mujeres, fomentando su cosificación e hipersexualización (Martin-Palomino et al., 2024). Estas representaciones no son neutrales, sino que inciden directamente en la formación de los comportamientos afectivo-sexuales de la adolescencia (Pathmendra et al., 2023).

En los últimos años se ha evidenciado un incremento en el acceso a la pornografía, así como su impacto negativo en el bienestar de adolescentes (Lameiras-Fernández et al., 2024). En dicho consumo, existen diferencias según el género, con mayor prevalencia de consumo entre los chicos que entre las chicas (Cerniglia y Cimino, 2024; Merlyn et al., 2020). Respecto a la edad de inicio, investigaciones españolas sitúan el primer contacto con la pornografía entre los ocho (Ballester y Orte, 2019; Sedano Colom et al., 2023) y diez años (Biota et al., 2022). La exposición a contenido pornográfico puede darse de manera intencionada o involuntaria mientras se navega por Internet (Mitchell et al., 2007).

En una investigación reciente realizada con población adolescente española (Águila-Otero y Pereda, 2025), los hallazgos mostraron una mayor frecuencia de consumo entre los y las adolescentes que habían experimentado victimización sexual online (58.9%), en comparación con aquellos/as no victimizados (50.8%). De forma paralela, los y las adolescentes que reconocieron ejercer violencia sexual online presentaron tasas notablemente más elevadas de consumo (80% frente al 51.3%). En otro estudio se halló que experimentar abuso sexual basado en imágenes se asociaba con la perpetración de pornografía no consentida, coacción sexual online y acoso sexual digital (Martínez-Bacaicoa et al., 2024). De manera similar, los resultados del estudio longitudinal de Waterman et al. (2022) con adolescentes sugirieron asociaciones recíprocas entre la visualización de pornografía y la perpetración de acoso sexual. Aunque el contenido pornográfico no representa necesariamente comportamientos de acoso sexual, las creencias y actitudes que frecuentemente transmite (visión impersonal de la sexualidad o cosificación de las personas), pueden contribuir a promover conductas de acoso sexual.

A pesar de la evidencia acumulada sobre la victimización sexual online en adolescentes, la estructura factorial del instrumento empleado en el presente estudio (Montiel y Carbonell, 2012; Guerra et al., 2020) ha sido escasamente explorada. De igual manera, son limitados los estudios que analizan conjuntamente la relación entre las dimensiones de la victimización sexual online y variables como el sexo, la edad y el consumo de pornografía. Por ello, el objetivo general de la presente investigación es analizar la victimización sexual online en adolescentes, explorando la estructura factorial de un instrumento para su medición y su relación con variables sociodemográficas y el consumo de pornografía. Para ello, se han diseñado los siguientes objetivos específicos: (1) Explorar la estructura factorial de la escala de victimización sexual online (Montiel y Carbonell, 2012; Guerra et al., 2020), ante la escasa evidencia disponible sobre la dimensionalidad del instrumento; (2) Analizar las diferencias en los factores de victimización sexual online hallados en función del sexo, la edad y el consumo de pornografía; (3) Describir la frecuencia de consumo de pornografía en población adolescente según sexo y edad; (4) Examinar las relaciones entre la edad, el consumo de pornografía y la victimización sexual online (considerando sus dimensiones factoriales).

En coherencia con la literatura y con los objetivos específicos planteados, se han formulado las siguientes hipótesis: (H1) Las chicas presentarán niveles superiores de victimización sexual online (en todos sus factores) en comparación con los chicos; (H2) El alumnado de mayor edad presentará niveles superiores de victimización sexual online (en todos sus factores) que el alumnado de menor edad; (H3) Los y las adolescentes que consumen pornografía presentarán niveles superiores de victimización sexual online (en todos sus factores) en comparación con quienes no consumen; (H4) Los chicos presentarán una mayor frecuencia de consumo de pornografía en comparación con las chicas; (H5) La edad media del primer contacto con contenido pornográfico en población adolescente se situará en torno a los 10 años; (H6) Se observarán correlaciones positivas entre las dimensiones de la victimización sexual online, la frecuencia de consumo de pornografía y la edad.



Metodología

Diseño

Se llevó a cabo un estudio de enfoque cuantitativo, no experimental y de corte transversal, con un diseño descriptivo y correlacional.

Personas participantes

La muestra estuvo compuesta por 508 estudiantes de la comunidad autónoma del País Vasco (España), escolarizados en Educación Secundaria Obligatoria (95%, n = 483) y Bachillerato (5%, n = 25). Las edades oscilan entre los 12 y 19 años (M = 13.97, DT = 1.34). En cuanto al sexo, el 47% (n = 237) eran chicos y el 53% (n = 257) chicas. Con respecto al origen, la mayoría del alumnado tenía nacionalidad española (96.7%, n = 491) mientras que un 3.3% (n = 17) era de origen extranjero. En relación con la titularidad de los centros educativos, el 100% (n = 508) estaba matriculado en centros públicos, concretamente en 3 centros públicos.

Instrumentos

Cuestionario sociodemográfico. Se diseñó un cuestionario ad hoc compuesto por 5 ítems para obtener información acerca del sexo, edad, nacionalidad, nivel educativo y centro escolar del alumnado participante.

Cuestionario de Victimización Juvenil Online (Montiel y Carbonell, 2012). Se empleó la versión validada por Guerra et al. (2020), compuesta por 12 ítems destinados a medir la frecuencia de experiencias de victimización sexual online durante los últimos 12 meses (p. ej., “Un adulto se ha hecho pasar por menor de edad para ligar contigo”, “Alguien me ha presionado para que hablásemos sobre sexo por Internet”). La escala de respuesta es tipo Likert de 4 puntos, que oscila entre 0 (nunca) y 3 (siempre/casi siempre). En el presente estudio la escala ha mostrado buenas propiedades psicométricas (α = .90). Este es el instrumento sobre el que se analiza la estructura factorial.

Cuestionario de Consumo de Pornografía Online. Considerando el cuestionario de Ballester et al. (2019), se diseñó un cuestionario ad hoc compuesto por 12 ítems con el fin de evaluar el consumo de pornografía. El instrumento recoge información sobre el consumo (p. ej., “¿Has consumido pornografía alguna vez?”), edad de inicio del consumo (p. ej., “¿Cuántos años tenías cuando viste pornografía por primera vez?”), frecuencia de consumo (desde menos de una vez al mes hasta varias veces al día), motivos principales (curiosidad, masturbación, influencia social y uso con la pareja, entre otras), contextos de consumo y dispositivos utilizados, entre otras.

Procedimiento

El estudio contó con la aprobación del Comité de Ética de Investigación con Seres Humanos (CEISH) de la Universidad de País Vasco (UPV/EHU) (M10_2024_353). La recogida de datos se realizó entre los cursos escolares 2023-2024 y 2024-2025.

Se creó un listado de centros de Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato del País Vasco considerando la base de datos del Departamento de Educación del Gobierno Vasco. Se llevó a cabo un contacto inicial a través de correo electrónico con diversos centros educativos, invitándoles a participar en el estudio. Con aquellos centros que mostraron interés, se realizaron reuniones presenciales para aclarar los objetivos del proyecto, posibles dudas y establecer un cronograma. Los centros que decidieron participar firmaron una autorización para llevar a cabo la investigación.

A través de los centros educativos, se remitió a las familias un documento de consentimiento informado en el que se detallaba el carácter voluntario de la participación, la ausencia de beneficios económicos, así como las garantías de anonimato y confidencialidad, entre otros aspectos.

La aplicación de los cuestionarios se realizó durante el horario lectivo, en sesiones aproximadas de 30 minutos, en espacios amplios que garantizaban la privacidad y confidencialidad de las respuestas. La cumplimentación se realizó de manera anónima en dispositivos electrónicos facilitados por los centros educativos, accediendo a través de una URL proporcionado por el equipo investigador. El alumnado que no contaba con el consentimiento familiar o que optó por no participar, completó un cuestionario alternativo de carácter lúdico para así preservar su confidencialidad. En todo momento se informó a los y las personas participantes su derecho a abandonar el estudio cuando así lo deseasen. De igual manera, durante la sesión de recogida de datos y tras la misma, el equipo de investigación ofreció un espacio para consultar dudas derivadas de la participación.

Análisis de datos

Para llevar a cabo los análisis estadísticos, se utilizó el programa IBM SPSS en su versión 29.0.2.0 (Armonk, NW, EE. UU). Se realizó un análisis descriptivo de las variables para conocer la composición de la muestra. Para las variables categóricas se calcularon frecuencias, mientras que para las variables cuantitativas se emplearon media y desviación típica. Se realizó un análisis factorial exploratorio de la escala Victimización Juvenil Online (Montiel y Carbonell (2012), validada por Guerra et al., (2020), con el objetivo de examinar su estructura factorial, en el cual se eliminaron tres ítems (6, 7 y 8) debido a que presentaban cargas cruzadas en ambos factores, lo que generó dificultades para su correcta ubicación dentro de la estructura bifactorial de la escala. Dado que no se cumplían los supuestos de normalidad ni homocedasticidad, se emplearon pruebas no paramétricas. Asimismo, se llevaron a cabo tanto análisis de asociaciones entre variables categóricas, empleando la prueba de chi-cuadrado (χ2) junto con la V de Cramer, como correlaciones de Spearman entre varias de las variables de estudio. Finalmente, para la comparación de grupos independientes se utilizó la prueba U de Mann-Whitney, y se calculó el tamaño del efecto (r). Para los análisis por edad se establecieron dos grupos (12-14 años y 15-17 años), excluyendo a los y las personas participantes de 18 y 19 años (n = 3) debido a su escasa representatividad.



Resultados

Análisis factorial exploratorio de la escala Victimización Juvenil Online

El instrumento final quedó formado por 9 ítems que se presentan en la Tabla 1. Los resultados de la prueba de Kaiser-Meyer-Olkin (KMO = .835) y de la prueba de Barlett [χ2 (36) = 2838.302, p <.001] fueron satisfactorios, lo que indica que el modelo factorial es adecuado. La varianza total acumulada para este factor es de 69.46%, presentando los ítems cargas factoriales superiores a .300. El alfa del instrumento total fue de .854.

Al analizar el contenido de los ítems distribuidos en cada uno de estos dos factores, se observa una estructura coherente desde el punto de vista teórico. Por un lado, el primer factor reúne ítems relacionados con aproximaciones sexuales online por parte de adultos en entornos digitales (ítem 1: “me han enviado mensajes (al móvil, red social, etc.) adultos desconocidos para ligar conmigo; ítem 2: “un adulto se ha hecho pasar por un menor de edad para ligar conmigo). Por otro lado, el segundo factor agrupa ítems vinculados a formas de coerción sexual online (ítem 10: “Alguien me ha amenazado o chantajeado para que le envíe o le muestre por la cámara web imágenes/vídeos de mí mismo(a) mostrando alguna parte íntima de mi cuerpo”; ítem 11: “Alguien me ha amenazado o chantajeado para que hablásemos sobre sexo por Internet”).

Tabla 1. Matriz de componente rotado

Ítems

Factor 1

Factor 2

1

.666

2

.769

3

.854

4

.779

5

.782

9

.885

10

.902

11

.810

12

.718

Victimización sexual online en función del sexo, edad y consumo de pornografía
Conductas de aproximación sexual online por personas adultas

Con relación al sexo, se hallaron diferencias estadísticamente significativas en el factor 1 (aproximación sexual online por adultos) [U = 36888, p <.001; r = .15]. Las chicas obtuvieron una mayor puntuación (Mdn =.00; RIQ = 2.00) en comparación con los chicos (Mdn = .00; RIQ = 0.00).

En función de la edad, categorizada en dos grupos (12-14 años y 15-17 años), también se encontraron diferencias estadísticamente significativas en el factor 1 (aproximación sexual online por adultos) [U = 34893.5, p <.001; r = .2]. El alumnado de mayor edad (15-17 años) obtuvo puntuaciones superiores (Mdn =.00; RIQ = 2.00) respecto al grupo de menor edad (12-14 años) (Mdn = .00; RIQ = .75).

Finalmente, en relación con el consumo de pornografía, se hallaron diferencias estadísticamente significativas en el factor 1 (aproximación sexual online por adultos) [U = 28497.5, p = .015; r = .10]. Las personas que indicaron haber consumido pornografía en alguna ocasión mostraron puntuaciones más altas (Mdn = .00; RIQ = 2.00) que aquellas que indicaron no haberla consumido nunca (Mdn = .00; RIQ = 1.00).

Coerción sexual online

Con relación al sexo, se identificaron diferencias estadísticamente significativas en el factor 2 (victimización sexual coercitiva) [U = 34114, p <.001; r = .05]. Las chicas obtuvieron puntuaciones ligeramente superiores (Mdn =.00; RIQ = 0.00) en comparación con los chicos (Mdn = .00; RIQ = 0.00).

Considerando la edad, categorizada en dos grupos (12-14 años y 15-17 años), no se encontraron diferencias estadísticamente significativas en factor 2 (victimización sexual coercitiva) [U = 28691, p = .362; r = .0]. Del mismo modo, en función de consumo de pornografía, tampoco se hallaron diferencias estadísticamente significativas en el factor 2 (victimización sexual coercitiva) [U = 30946.5, p = .240; r = .0].

Prevalencia y diferencias en el consumo de pornografía

Del total de la muestra estudiada, el 44.3% (n = 223) afirmó haber consumido pornografía alguna vez, siendo el 64.6% (n = 144) chicos y el 35.4% (n = 79), hallándose diferencias estadísticamente significativas en el consumo de pornografía online (entre quienes la consumen y quienes no) respecto al sexo [χ2 (1) = 49.453, p <.001, V de Cramer = .313].

También se hallaron diferencias estadísticamente significativas en el consumo de pornografía online en función de la edad, considerando únicamente al alumnado menor de edad [χ2 (1) = 12.459, p <.001, V de Cramer = .157]. El 55.2% (n = 91) del alumnado entre 15 y 17 años indicó haber consumido pornografía alguna vez, en comparación con el 38.5% (n = 131) del grupo de 12 y 14 años. Estos resultados sugieren una mayor prevalencia de consumo conforme aumenta la edad dentro del grupo de menores.

Aquellos que señalaron haber consumido pornografía en alguna ocasión, se les preguntó si actualmente consumen pornografía y se hallaron diferencias estadísticamente significativas en el consumo de pornografía actual en función del sexo [χ2 (1) = 26.537, p <.001, V de Cramer = .345]. El 36.9% (n = 83) de la muestra indicó que actualmente consume pornografía, siendo el 86.9% (n = 70) chicos y el 13.6% (n = 11) chicas.

De igual manera, se indagó acerca de la edad a la que vieron pornografía por primera vez, obteniéndose una media de 11.50 años (DT = 1.82) y un rango de 6 a 16 años. También se les consultó sobre la edad a la que comenzaron a ver pornografía de forma habitual, resultando en una media de 12.75 años (DT = 1.33) y un rango de 9 a 15 años. Del total de las personas participantes que habían consumido pornografía, el 73.8% (n = 166) señaló que su primer encuentro con la pornografía fue casual o accidental.

Relación entre la victimización sexual online, consumo de pornografía y edad

El análisis de correlaciones de Spearman evidenció relaciones significativas entre las siguientes variables de estudio: edad, frecuencia de consumo de pornografía y las dos subescalas de victimización sexual online (aproximación sexual por adultos y coerción sexual online). La edad se correlaciona de forma positiva y débil con la aproximación sexual por adultos, la coerción sexual online y la frecuencia de consumo de pornografía. De igual manera, se observó una correlación positiva y muy débil entre la frecuencia de consumo y la aproximación sexual por personas adultas. No obstante, la relación entre frecuencia de consumo y coerción sexual online no fue significativa. Por último, se identificó una correlación positiva y moderada entre los dos factores de victimización sexual online (ver Tabla 2).

Tabla 2. Correlación Rho de Spearman entre variables

Edad

Frecuencia consumo pornografía

Factor 1

Factor 2

Rho de Spearman

Edad

Coeficiente de correlación

--

Sig. (bilateral)

.

N

508

Frecuencia de consumo de pornografía

Coeficiente de correlación

.251**

--

Sig. (bilateral)

<.001

.

N

508

508

Aproximación sexual online por adultos (Factor 1)

Coeficiente de correlación

.266**

.105*

--

Sig. (bilateral)

<.001

.018

.

N

508

508

508

Coerción sexual online (Factor 2)

Coeficiente de correlación

.099*

.041

.393**

--

Sig. (bilateral)

.026

.358

<.001

.

N

508

508

508

508

**. La correlación es significativa en el nivel 0.01 (bilateral).

*. La correlación es significativa en el nivel 0.05 (bilateral).



Discusión

En primer lugar, el análisis factorial confirmó la estructura bidimensional del instrumento, diferenciado entre aproximación sexual online por adultos y coerción sexual online. En este contexto, se analizaron las diferencias por sexo en los distintos indicadores de victimización. Los hallazgos muestran que las chicas presentan niveles superiores tanto en la aproximación sexual online por parte de adultos como en la coerción sexual online, confirmando la primera hipótesis planteada. Este patrón coincide con investigaciones previas que muestran una mayor exposición femenina a la sexualización y a la victimización interpersonal en contextos digitales, especialmente cuando intervienen personas adultas (Alonso-Ruido et al., 2024; Martínez-Bacaicoa, Alonso-Fernández y Gámez-Guadix, 2024; Ortega-Barón et al., 2022). Desde una perspectiva de género, esta distribución diferencial responde a procesos de socialización que también se producen en entornos digitales (Carrera Fernández et al., 2013), donde las chicas adolescentes se enfrentan a mayores presiones sociales y normativas que pueden favorecer su participación en conductas sexuales de riesgo en el entorno digital (Del Rey et al., 2019).

Respecto a la edad, se observan diferencias únicamente en la aproximación sexual online por personas adultas, siendo más frecuente en el grupo de mayor edad (15-17 años). Estos hallazgos confirman nuestra hipótesis sobre el aumento del riesgo de victimización sexual con la edad, en consonancia con estudios previos donde el aumento de la edad se asocia con una mayor probabilidad de exposición a riesgos en entornos digitales (Baldry et al., 2019; Resset, 2021). Según Gámez-Guadix et al. (2017) este hallazgo puede explicarse por una mayor autonomía digital, una presencia más intensa en redes sociales y plataformas de comunicación, así como por la ampliación del círculo social online conforme avanza la adolescencia. Sin embargo, no se encontraron diferencias significativas en la coerción sexual online respecto a la edad, lo que sugiere que las formas más graves de victimización no aumentan necesariamente con la edad dentro de este rango, sino que pueden aparecer de manera relativamente transversal durante la educación secundaria.

El consumo de pornografía aparece vinculado de forma significativa con la aproximación sexual online por personas adultas. Las y los adolescentes que han consumido pornografía reportan mayores niveles de contacto sexual online por parte de personas adultas que aquellas que no han consumido nunca, en consonancia con estudios previos (Sanjuán, 2020; Wolak et al., 2007). Este resultado puede interpretarse desde varias hipótesis no excluyentes: por un lado, el consumo de pornografía podría estar asociado a prácticas digitales más abiertas o exploratorias que aumentan la exposición al contacto con personas desconocidas (Peter y Valkenburg, 2016); por otro, podría reflejar un contexto de socialización sexual online en el que se normalizan interacciones sexualizadas. Sin embargo, no se ha hallado una de relación entre el consumo de pornografía y la coerción sexual online. Según Feijóo et al. (2025), la presión para practicar sextorsión se asocia principalmente con estar en una relación de pareja o haber tenido parejas previamente, y no tanto con otro tipo de conductas de riesgo, lo que podría explicar la ausencia de relación observada en el presente estudio.

En el ámbito del consumo de pornografía, los resultados permiten confirmar parcialmente las hipótesis planteadas. Se confirma que los chicos presentan una prevalencia significativamente mayor que las chicas, lo que evidencia una brecha de género persistente en la socialización sexual digital (Cerniglia y Cimino, 2024; Merlyn et al., 2020), así como un aumento claro con la edad (Ballester y Orte, 2019; Biota et al., 2022; Pathmendra et al., 2023; Sedano Colom et al., 2024). Sin embargo, la edad media de primer contacto (11.5 años) se sitúa ligeramente por encima de los 10 años previstos, confirmando parcialmente la hipótesis. Tanto la edad media de primer contacto (11.5 años) como la de inicio habitual (12.75 años) sitúan la exposición en etapas muy tempranas del desarrollo, en muchos casos antes de haber recibido una educación afectivo-sexual estructurada. En la actualidad, una parte significativa de la socialización sexual adolescente se produce a través de contenidos disponibles en entornos digitales (Gámez-Guadix y Machimbarrena, 2025), lo que influye de manera determinante en la forma en la que los y las adolescentes se relacionan y experimentan su deseo sexual (Garzón, 2016). En este contexto, es especialmente relevante señalar que el 73.8% de quienes han visto pornografía refieren un primer contacto accidental, lo que refuerza la necesidad de desarrollar competencias críticas desde edades tempranas.

El análisis de correlaciones de Spearman revela relaciones significativas entre las siguientes variables de estudio: edad, frecuencia de consumo de pornografía y las dos subescalas de victimización sexual online, aportando una visión complementaria del fenómeno. La edad se asocia positivamente tanto con la aproximación sexual por personas adultas como con la coerción sexual online y la frecuencia de consumo de pornografía, aunque con intensidades débiles. Ello indica que el riesgo aumenta progresivamente, pero no de forma abrupta (Águila-Otero y Pereda, 2025; Gámez-Guadix, et al., 2022). Asimismo, la frecuencia de consumo de pornografía se relaciona de manera débil con la aproximación sexual por personas adultas, pero no con la coerción, reforzando la idea de que el consumo se vincula más con contextos de contacto que con la victimización coercitiva propiamente dicha.

Entre las limitaciones del estudio deben señalarse su diseño transversal, que impide establecer relaciones causales, así como el uso de autoinformes, susceptibles a sesgos de deseabilidad social o subregistro, especialmente en temas sensibles. Además, la muestra procede exclusivamente de centros públicos del País Vasco, lo que limita la generalización a otros contextos socioculturales. Futuras investigaciones deberían incorporar diseños longitudinales, análisis multivariados y variables contextuales como el uso de redes sociales específicas, la supervisión parental o la educación sexual recibida.

Asimismo, debe señalarse una limitación vinculada al instrumento de evaluación empleado, que se centra exclusivamente en la victimización sexual online y no contempla la perpetración. Tal como indican Martínez-Bacaicoa et al. (2024), el análisis conjunto de victimización y perpetración resulta fundamental para comprender de manera integral la violencia sexual facilitada por la tecnología y las dinámicas relacionales que la sostienen. En este sentido, la ausencia de medidas de perpetración limita la comprensión global del fenómeno, por lo que futuras investigaciones deberían incorporar instrumentos que evalúen la totalidad de la violencia sexual online.

Los resultados del presente estudio muestran que la violencia sexual online en la adolescencia es un fenómeno multidimensional. Las chicas presentan mayor exposición a ambos tipos de victimización, especialmente en las aproximaciones sexualizadas de adultos, mientras que la edad se asocia principalmente con un incremento de este tipo de contactos. El consumo de pornografía, muy extendido y cuyo comienzo se da a edades muy tempranas, se relaciona con la aproximación sexual online, lo que sugiere que la socialización sexual digital constituye un contexto relevante para comprender la exposición al riesgo, aunque no implica automáticamente mayor victimización coercitiva. La alta prevalencia de consumo, su inicio temprano y su carácter mayoritariamente accidental ponen de relieve la urgencia de integrar la educación digital y afectivo-sexual en etapas iniciales de la educación secundaria.

Así, los hallazgos subrayan la necesidad de programas preventivos que combinen enfoque de género, alfabetización digital y educación sexual integral, implicando tanto al alumnado como al profesorado y las familias. Asimismo, resulta fundamental que los centros educativos dispongan de protocolos claros de detección y actuación ante situaciones de victimización sexual online. La intervención no debería limitarse a abordar un único riesgo digital, puesto que los y las adolescentes suelen estar expuestos simultáneamente a diversas manifestaciones de violencia en el entorno digital (Gámez-Guadix y Machimbarrena, 2025). Además, en las intervenciones se debe incluir la perspectiva de género, ya que abordar la afectividad y la sexualidad desde una perspectiva feminista promueve una comprensión crítica de las desigualdades de género y de su producción en el área de la sexualidad (Aznar Martínez et al., 2023; Martínez-Bacaicoa et al., 2024).

En conjunto, esta investigación aporta evidencia empírica relevante sobre la relación entre consumo de pornografía y victimización sexual online en adolescentes, contribuyendo a un campo todavía en consolidación y ofreciendo bases sólidas para el diseño de políticas educativas y estrategias preventivas.

Taxonomía CRediT

Uxue Llano-Abasolo: Conceptualización, Curación de datos, Análisis formal, Adquisición de fondos, Investigación, Metodología, Administración del proyecto, Recursos, Software, Supervisión, Validación, Visualización, Redacción – borrador original, Redacción – revisión y edición.

María Dosil-Santamaria: Conceptualización, Curación de datos, Análisis formal, Adquisición de fondos, Investigación, Metodología, Administración del proyecto, Recursos, Software, Supervisión, Validación, Visualización, Redacción – borrador original, Redacción – revisión y edición.

Itsaso Biota Piñeiro: Conceptualización, Curación de datos, Análisis formal, Adquisición de fondos, Investigación, Metodología, Administración del proyecto, Recursos, Software, Supervisión, Validación, Visualización, Redacción – borrador original, Redacción – revisión y edición.

Joana Jaureguizar: Conceptualización, Curación de datos, Análisis formal, Adquisición de fondos, Investigación, Metodología, Administración del proyecto, Recursos, Software, Supervisión, Validación, Visualización, Redacción – borrador original, Redacción – revisión y edición.

Todos los autores han leído y aprobado la versión final del manuscrito.

Sección de agradecimientos

Uxue Llano-Abasolo es beneficiaria de una ayuda predoctoral para la formación de personal investigador no doctor concedida por el Gobierno Vasco (PRE_2024_1_0375; PRE_2025_2_0003)

Breve biografía de cada autora

Uxue Llano-Abasolo es doctoranda en el Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación, en la Facultad de Educación de Bilbao (UPV/EHU). Su investigación se centra en el análisis del consumo de pornografía online entre adolescentes y jóvenes, explorando su relación con variables mediadoras y las implicaciones para el diseño y mejora de estrategias y programas de educación afectivo-sexual.

María Dosil-Santamaría es profesora en el Departamento de Ciencias de la Educación, en la sección de Métodos de Investigación y Diagnóstico en Educación de la Facultad de Educación de Bilbao en la Universidad del País Vasco (EHU). Su investigación se ha centrado en la violencia en las relaciones de noviazgo, ciberviolencia en parejas adolescentes, bienestar emocional en la adolescencia y consumo de pornografía entre adolescentes y jóvenes.

Itsaso Biota Piñeiro es profesora del Departamento de Didáctica y Organización Escolar de la Facultad de Educación de Bilbao (EHU). Su investigación se centra en la prevención de la violencia y la ciberviolencia en la infancia y la adolescencia, con especial atención a la educación afectivo-sexual y digital como herramientas clave para fomentar relaciones igualitarias.

Joana Jaureguizar es profesora del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación, en la Facultad de Educación de Bilbao (Universidad del País Vasco). Su investigación se ha centrado en la ciberviolencia en parejas adolescentes y el bienestar emocional en la adolescencia.



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